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Opinión de la semana: “La mentalidad no se negocia”

vs pincha copa arg -003La caída impensada de River frente a Estudiantes de Buenos Aires en Catamarca generó el primer gran cimbronazo en esta tercera etapa de Ramón como DT millonario. Por la instancia en que sucedió, por la inferioridad de categoría del rival, pero fundamentalmente por el CÓMO y el POR QUÉ.

La llegada del entrenador más ganador de la historia de River trajo oxígeno y entusiasmo en un plantel que vivía recibiendo cachetazos y golpes duros. Más allá del ascenso, el club más grande de la Argentina no pudo conseguir el mediocre objetivo de los 30 puntos en el Torneo Inicial 2012, que significaba lograr poco más del 50% de los puntos.

Con el regreso del riojano, las expectativas volvieron a estar bien alto, y las exigencias también. Los triunfos contra Boca en el verano generaron quizá la falsa sensación que River tenía plantel de sobra para pelear todo, torneo local y Copa Argentina. Los números parecieron darle la razón al “Pelado”, porque sus dirigidos están a sólo dos puntos del líder del torneo local.

Sin embargo, desde el juego y el rendimiento colectivo, River está muy lejos del equipo que amagó con asomar la cabeza en el verano. Con lesiones, suspensiones y muy bajos rendimientos, el cuerpo técnico millonario debió apelar a lo largo de este semestre a cambios de nombres y de sistema. Jugadores como Jonatan Bottinelli, Mauro Díaz y Rodrigo Mora, que parecían titulares indiscutibles en la pretemporada, hoy ocupan un lugar en el banco de suplentes.

Con el correr de los partidos, este plantel desnudó todas sus limitaciones. De aquél equipo rápido y preciso del verano sólo quedan esquirlas, pequeñas grageas. River perdió frescura, sorpresa, pero lo más preocupante de todo es que aquella mentalidad ganadora que parecía traer la vuelta de Ramón, comenzó a sucumbir.

El partido en Catamarca fue una muestra de ello. River no sólo perdió un partido porque jugó mal. Desde lo actitudinal fue superado por un conjunto que disputó el encuentro como una verdadera final. A medida que pasaban los minutos, los dirigidos por Ramón parecían rendirse ante la impotencia, la falta de reservas anímicas, la carencia de rebeldía ante la adversidad.

Sin juego, con individualidades en un muy bajo nivel y con juveniles que no están preparados aun para dar el salto grande en Primera, a River sólo le queda la mentalidad. Es el sello distintivo de un equipo que pende todavía de ese delgado hilo.

Sean titulares o suplentes, sean experimentados o juveniles, sea quien sea el que se ponga el manto sagrado, la camiseta más ganadora del fútbol argentino, la mentalidad es lo único que no se puede negociar.

 

Por Ubaldo Kunz

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