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El clásico desde la tribuna

Foto: Juan Roleri/Télam
Foto: Juan Roleri/Télam

En la edición 190 del superclásico, los hinchas de River volvieron a copar la tercer bandeja de la tribuna que da al Riachuelo. Con globos, aliento y mucha pasión, vivieron desde afuera otra decepcionante actuación del equipo de Ramón.

Desde temprano, la intersección de la Avenida Pedro de Mendoza y la calle Palos comenzó a teñirse de rojo blanco. Cerca del mediodía, la mayor parte de los 4.500 hinchas millonarios ya estaban en las adyacencias de la Bombonera. Algunos llegaron por sus propios medios. Otros, con la caravana que salió desde el Monumental. Todos, con la ilusión de presenciar un triunfo.

En la tribuna no cabía un alfiler. Decir que la capacidad de la tercer bandeja estaba sobrevendida resulta una obviedad. Preguntarse de dónde sacan las entradas los contingentes de turistas que ocupan el lugar que le corresponde al socio resulta obligatorio e indignante al mismo tiempo.

Las 4.500 almas millonarias le dieron al equipo un recibimiento espectacular, con muchos globos rojos y blancos que asomaron desde el ridículo espacio que le otorgan desde el 2005 al equipo más popular y multitudinario de la Argentina.

Más allá de todo, el hincha de River se hizo sentir, desde ese aliento que recibió al equipo y que se envalentonó aun más con el gol de Lanzini desde el vestuario. Que lamentó también los goles errados en el primer tiempo. Y que puteó con el inmerecido empate de Silva.

A pesar de las malas, el hincha millonario alentó en todo momento. Aplaudió a Ramón cuando saludó a su gente al irse expulsado por Delfino. Se bancó las provocaciones de los hinchas locales, poco ingeniosos a la hora de celebrar vaya a saber uno qué. Y a pesar de haber empujado al xeneixe hacia la peor racha de la historia en torneos locales, se fue masticando bronca, por el resultado y el preocupante segundo tiempo.

River dejó pasar una posibilidad muy grande de seguir prendido en la punta. El “Millonario” le perdonó la vida al rival con el que no hay que tener piedad. Por más que sea, hoy por hoy, uno de los peores equipos de nuestro fútbol. Los clásicos se ganan. Y los empates, como bien dijo Ramón, los hinchas de River no lo festejan.

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