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Idolo hasta el final de nuestras vidas

despedida Ortega
Ortega tuvo una despedida inolvidable en el Monumental (Foto: Diario Olé)

(Incluye Galería) Ariel Ortega tuvo su merecido homenaje en un Monumental repleto y lleno de emoción. Rodeado de afectos, ex-compañeros y su hijo Tomás en el campo de juego, le dijo adiós al fútbol de la mejor manera: con la pelota en sus pies. 

¿Cómo se hace para arrancar una crónica de una jornada que tuvo tantos condimentos, tantas emociones, tantos momentos destacables e inolvidables en tan sólo un puñado de horas? Quizá lo más justo sería comenzar diciendo que sólo los grandes consiguen lo que hoy logró Ariel Ortega. El reconocimiento de un monumental repleto, como sólo el Beto y el Enzo lograron en tan rica historia. No es poca cosa.

Con un marco acorde a una verdadera final, el “Burrito” le dijo adiós al fútbol rodeado de una gran cantidad de glorias y ex-compañeros de River: el “Muñeco” Gallardo (uno de los más ovacionados), Leonardo Astrada, Eduardo Coudet, que se acoplaron a jugadores todavía en actividad como Manuel Lanzini, Leonardo Ponzio, Leandro Chichizola, Ariel Garcé, Paulo Ferrari y el “Keko” Villalba, entre otros.

Del otro lado, un combinado de “Amigos de Ariel Ortega”, que contó con la participación de Enzo Francescoli (el más ovacionado de la tarde), el goleador del campeonato Ignacio Scocco (muy aplaudido y seducido tanto por el público como por Ramón en la previa), Hernán Dïaz, Juan Pablo Sorín, Sebastián Domínguez, el “Patón” Guzmán y Javier Saviola, entre los más destacados.

En un banco Ramón, en el otro el “Tolo” Gallego, mientras en el campo de juego Ariel Ortega era el centro de la escena en cada una de sus intervenciones. Cuando jugó para el equipo rojo, generó sociedades con Nacho Scocco y Enzo Francescoli que deleitaron al hincha Millonario. Cuando en el segundo tiempo se puso la de River, se encontró en la cancha con su hijo Tomás y lo asistió para que fuera uno de los goleadores de un anecdótico 7 a 2 final.

El Monumental fue una verdadera fiesta, que tuvo como broche de oro el cierre a pura emoción con la palabra de su familia en la pantalla gigante y el agradecimiento del jujeño por todo el apoyo brindado a lo largo de su carrera. No es para menos.

Se fue el último gran ídolo de River. Aunque el cariño hacia el burrito será eterno. Hasta el final de nuestras vidas.

Por Ubaldo Kunz

Galería de fotos: Gentileza de Fotobaires y Diario Olé

 

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