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River cayó ante Estudiantes en el Monumental

FOTO: Diario Olé
FOTO: Diario Olé

El equipo de Ramón cayó como local ante Estudiantes por 2 a 1. A pesar del gol tempranero de Menseguez, se complicó la vida con una tonta expulsión de Ledesma. Acumula cinco fechas sin conocer la victoria

Es cosa de mandinga. Cuando los merece no los hace. Cuando los hace los jueces los anulan (mal). Y cuando lo convalidan, no alcanza para ganar. Es que River arrancó casi desde el vestuario ganando con esa notable definición de Menseguez. El grito contenido se transformó en emoción. Era la noche soñada, con regreso triunfal y un Ramón Díaz que comenzaba a ganar SU partido. El que le daba la razón y ensanchaba sus espaldas.

Peeeero. Siempre hay un pero. Un quedo defensivo de River permitió que Román Martínez empujara solo y solito abajo del arco. Ni la gran estirada de once Baroveros juntos podrían lidiar con tanta pasividad de los centrales millonarios, que sólo atinaron a mirar.

Hasta ahí, el partido era parejo pero River había asumido el protagonismo. Con un Fabbro inspirado y un Menseguez eléctrico, el equipo de Ramón se las ingeniaba para preocupar a los dirigidos por Pellegrino. Hasta que a los 28 minutos llegó la tonta expulsión de Ledesma, potenciada por la falta de reacción del entrenador millonario para acomodar el mediocampo.

Rojas pasó de volante central, Menseguez pasó de mediocampista por izquierda, y River perdió la pelota y el control del partido. De tanto tenerla y tenerla, el “Pincha” engendró un verdadero golazo y el local transformó todo lo bueno que había hecho en incertidumbre, desesperación y falta de reacción ante la adversidad.

Para colmo, Ramón metió mano en el equipo pensando más en el partido del miércoles que en lo que estaba jugando, y River se quedó sin lo más “aceptable” que había tenido en cada línea.

Así, a River se le escapó otro partido inadmisible, de esos que sólo se pierden cuando hacés las cosas muy mal. Acumula cinco fechas sin ganar y de un domingo a otro demuestra que siempre se puede jugar un poco peor.

Por Ubaldo Kunz

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