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River se despidió de la copa

FOTO: Ricardo Alfieri
FOTO: Ricardo Alfieri

En el Monumental, River cayó ante Lanús 3 a 1 y se despidió de la Copa Sudamericana. El equipo de Ramón volvió a jugar mal en todas sus líneas. Los hinchas despidieron al equipo con insultos y pidieron por Cavenaghi y Trezeguet. 

En un partido completamente distinto al que disputaron en la ida, Lanús encontró una enormidad de espacios en ataque y liquidó en pocos minutos una serie que a priori parecía más pareja. Es que en el Monumental, Lanús consiguió rápidamente la ventaja y dominó el encuentro de principio a fin.

Los goles tempraneros del “Pulpito” González y de Santiago Silva en la primera etapa tiraron a la papelera de reciclaje todo lo planificado por Ramón en la previa. El River dominador, avasallante, protagonista del encuentro por peso propio y por historia, fue sólo una expresión de deseo. Porque a decir verdad, no le encontró jamás la vuelta al partido.

El juego del Millonario se redujo a la pelota parada. No tuvo precisión en el manejo, confundió atropello con presión y desde el desorden táctico abrió todas las puertas para que Lanús dominara el juego, aun sin tenencia de pelota. Sacando el tiro libre de Fabbro que dio en el poste, cuesta encontrar situaciones claras de gol en el primer tiempo para el local.

En el complemento se vio más de lo mismo. A pesar de meter tres cambios al unísono y quemar todas las naves, River siguió jugando a lo que más le convenía a Lanús. El tercer gol granate no tardó en caer y con él, la bronca de 40 mil almas, que exteriorizaron su bronca con casi todo el equipo, excepto Kranevitter, de buen partido. Por un momento, Cavenaghi y Trezeguet, se convirtieron en el grito de guerra de un público fiel que sigue sufriendo decepciones.

El descuento de Teo sobre el final no logró apaciguar las aguas. River jugó otro partido para el olvido. Empujado sin dudas por el gran planteo que hizo el conjunto granate, pero también por incapacidades propias. Por eso, el sueño de la copa se transformó en pesadilla y el final fue el más triste de todos.

Por Ubaldo Kunz

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