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Editorial: El gol que no fue, una consecuencia del “llanto” bostero

FOTO: Clarín Digital
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El superclásico ganado por River en la Bombonera dejó entre otras cosas el tendido reclamo de los hinchas de boquenseses por dos jugadas. Tanto las redes sociales como los medios se hicieron eco de ello, y desde el otro lado de la vereda se pretendió instalar que River estaba siendo favorecido (una ridiculez teniendo en cuenta los últimos tiempos) ¿La consecuencia? Éste fin de semana, con el gol sancionado que no fue.

Después de la agónica victoria de River en la Bombonera, los hinchas rivales se quejaron largo y tendido de dos jugadas. Una, un offside de un centímetro, en la que necesitaron de varias repeticiones de TV para darse cuenta, casi imperceptible. La otra, un corner producto de un rebote hacia el lado que venía el jugador xeneize que termina rozando en Lanzini, del cual derivó el gol. Sus quejas inundaron el mundo futbolero.

Nosotros ayer pagamos eso. En una jugada en la que Barovero cometió un error y terminó agarrando la pelota antes de que entre, y con un juez de línea que pretendía continuar el juego, el árbitro (después de dudar), convalida el gol desde afuera del área tapado por varios jugadores, incluido el arquero. Sancionó algo que no vio, una sensación, un invento. Demás está decir que FIFA plantea que ante la duda, no se sancione nada.

Quizás haya influido el grito de los hinchas “Piratas”, de la gente que se encontraba un metro detrás del arco y de los jugadores celestes. Pero seguramente ese llanto excesivo post superclásico y todo lo que se dijo haya presionado en esa decisión extraña que tanto nos dolió. Es cierto que River fue ingenuo y tiene responsabilidad, pero cabe destacar este hecho. Ese llanto fue poderoso, y el millonario debe ser más para superar estas dificultades. Ahora a levantarnos, y a volver a ganar.

Por Juan Manuel Marino

Periodista y productor de La Máquina en radio (Stentor AM 1590). Director de La Máquina en web. Hincha y socio de River desde el día 1 de mi vida. Se juega como se vive. Se vive como Labruna.

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