La Tribuna

La fiesta más grande de Nueva York

10392430_10203718184856302_309418519414815269_n

(Incluye galería) Nueva York vivió ayer una fiesta inolvidable, la fiesta más grande de River en el extranjero. Alrededor de 350 Millos se reunieron para celebrar el que sea, quizás, el más ansiado de todos los títulos.

Aquellos 18 años del 57 al 75 parecen muy lejos en la memoria de gente y chicos que tuvieron que bancarse el destino negativo de los últimos años, pero Mohammad Ali no dejó de ser el mejor cuando perdió su corona, luchó y la recuperó…y esa sensación estuvo presente en los Millos de Nueva York. Ellos querían festejar el volver a ser, la vuelta a la normalidad, la recuperación de la corona y el cinturón.

River, el equipo, le dio el gusto a todos esos Millos, de todas las edades, de bebés a veteranos, hombres y mujeres, pibes y pibas…gritamos cada gol hasta quedar afónicos, alentamos tanto y saltamos e hicimos tanto pogo y prendimos tantas bengalas que quedamos mareados. Si en ese momento alguien de la Real Academia Española tenía que encontrar la descripción exacta de “felicidad”, podría haber dicho: “es esto que veo aquí”. Felicidad, fiesta, carnaval…todo eso era…aunque también habían lágrimas, lágrimas de felicidad por supuesto, de chicos que no habían festejado tanto y hablan sufrido mucho, pibes que quizás no tenían el lomo que te da tantas vueltas olímpicas vividas.

Y festejamos, vaya que si, caminamos las 14 cuadras hasta Times Square, cortando la Broadway, haciendo que los autos tengan que elegir otros caminos, y le dimos una vuelta olímpica al Square, cantando y saltando sin parar. Tampoco nos olvidamos de los eternos segundones, más segundos que nunca.

Ayer, después de tanto tiempo, el equipo recuperaba esa corona que la gente ya había ganado, ese cinturón que ahora nos pertenece a todos…el rey sigue siendo el rey.

Por Hernán Amorini.-

Periodista y productor de La Máquina en radio (Stentor AM 1590). Director de La Máquina en web. Hincha y socio de River desde el día 1 de mi vida. Se juega como se vive. Se vive como Labruna.

Dejá tu comentario