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Esta campaña volveremos a estar contigo

IMAGEN: Alejandra Colmenares Prieto II LA MÁQUINA

Estés en el barrio que estés, vas para ahí. Y, entonces, al bondi que te subas alguno va a ir a ese lugar también. Hay. Y más de uno. Apenas ponés la SUBE en el aparatito al costado del colectivero, hay cuatro o cinco mínimo que van con vos. Los ves. Alguno tendrá la camiseta o el buzo. Pero si no los tienen, vos igual los ves.

Te bajas. Te volvés a subir a otro bondi. Ya la cosa está más clara. Quizás hay cuatro o cinco que no van para donde vos vas. Empieza el agite. Sos local. Somos locales.

Y ahora sí, empezás a caminar de verdad. Encarás de frente por esa diagonal hermosa que los viejos de tu familia llaman “Lidoro”.  Antes de encaminar el tramo final hacia La Meca pasas por un kiosko. Otro que va a comprar una botella de gaseosa tiene una remera que dice: “Se festeja, se sufre, se llora pero jamás se abandona”.

Y entonces volvés al tramo. Los muchachos se toman unos leves copetines en las esquinas. Uno tiene una insigna cerca de su pecho, en la remera de algodón que reza algo que vos te vas a llevar a la memoria para toda tu vida: “Mercado, Maidana, Funes Mori, Vangioni”. Quizás lo sabés, quizás no, pero tu viejo y tu abuelo se cansaron de decir “Gordillo, Gutierrez, Ruggeri, Montenegro”, la defensa campeona del mundo en el 86, del equipo del Bambino. Ahora, te acordás, podés competirles.

Se escuchan cada vez más cánticos. Hay remeras rojas y blancas por todos lados. Uno viste una de color azul. Atrás dice “Funes Mori”, bordeando la parte superior del número 25. Otro tiene puesta la tradicional: blanca con la banda roja. Pero atrás tiene una inscripción particular: “Pasaporte al día”. Te acordás que el miércoles jugamos por la copa.

Aparecen las vallas. Los pedidos de documentos y el famoso “carnecito en la mano”. Algunos más sofisticados agregan: “Mostrando la fotito”. El desarrollo tecnológico hace que tengas que pasar las credenciales por bandas magnéticas.

Hay filas que no se entienden, o tumultos grandes que terminan siendo mas o menos filas, porque hay vallas puestas y policías que gritan. Un policía saca a los manotazos a un pibe que no estaba haciendo nada. Lo único peor que la organización del fútbol argentino es la organización del operativo policial de los partidos del fútbol argentino.

Ya en el trayecto visual entre vos y tu segunda (¿o primera?) casa está limpio: no hay árboles que tapen el hermoso Monumental. Te falta pasar los molinetes. Ese último escollo entre vos y el sentido en la vida se hace eterno. Un policía, un corralito, una fila. Aparece una luz verde. Alegría y carnaval.

Entrás y todo cambió. Hay vasos de gaseosa en el piso y papeles que vuelan. Hay mil banderas. Hay miles de personas. Hay millones de sueños reunidos en un solo lugar. Y encima cantás. Los 15 minutos previos a que tu equipo salga a la cancha son mejor que la cancha misma. El aliento ensordecedor, algún humo rojo que se cuela por el aire. Los más chicos agitan, algunos mas grandes se sienten con el auricular en el oído para escuchar la radio.

Tu equipo sale a la cancha. Y vos pones en duda a todos los cientistas naturales desde Copérnico y Galileo hasta la actualidad porque pensás que no hay sol ni vía láctea que valga: todo el mundo gira alrededor de la esquina de Figueroa Alcorta y Udaondo. Y vos no podés hacer más que decir: “River, mi buen amigo, esta campaña volveremo´ a estar contigo”…

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