Especiales Fútbol Profesional

El héroe imperfecto

Lucas Alario fue un goleador intratable que va a quedar en la historia del club más grande de la Argentina. La forma y el contenido de su salida generaron dolor, pero esa angustia no puede nunca tapar historias memorables.

Aclaración inicial: Esta nota se escribe por la zona porteña de Caballito, cerca de la Plaza Irlanda. ¿Dónde está Santiago Maldonado?

Era una tarde fría. Él, como casi siempre, llegó temprano. Estaba merendando. Corría lunes 13 de julio de 2015. Había jugado solamente 30 minutos dos días atrás con la camiseta de su nuevo club, ese que al día siguiente se jugaba la semifinal de la Copa Libertadores de América, torneo que no ganaba desde hacía 19 años. El técnico llegó. Le preguntó cómo estaba, casi a modo de formalidad, porque lo que en realidad Marcelo Gallardo quería saber era lo siguiente:

-¿Cómo estás para jugar mañana si te pongo de titular?

-Perfecto, Marcelo. Para eso me trajeron… ¿no?

River estaba mal. No jugaba bien. Dos de sus titulares se habían ido antes del receso y nadie conformaba al técnico. Necesitaba un 9, uno de esos que se ponga la camiseta y juegue. Que al día siguiente saliera a comerse la cancha para quedar entre los dos mejores equipos de América y cumplirle el sueño tan esperado a millones y millones de personas. Por eso, con esa simple, humilde, pero brillante seguridad, Lucas Alario empezaba a convertirse en ídolo.

Es ese instante, siempre me lo acuerdo bien. Miré la repetición una y mil veces. Ponzio la saca para Vangioni. El Piri hace una jugada bárbara. El partido estaba picantísimo, jodido. Llovía como en el ’86. Vangioni tiró el centro más importante de su vida y de la vida de todos nosotros. Y un hombre, ÉL hombre, metió una palomita fantástica al primer palo.

Oriundo de Tostado, Santa fe, Lucas Alario llegó a River en junio de 2015. Jugó en total 82 partidos oficiales y marcó 41 goles. Obtuvo 3 títulos (dos de ellos internacionales).

Me pregunto, seriamente, si era o no necesario todo esto, Lucas. Todo este circo. Lo de la gorrita escapándote de la clínica, lo del departamento en Puerto Madero. ¿Era necesario al final de la pretemporada, cuando en unos pocos días nos jugamos seguir en la Copa o no?

“Es un sueño del que no puedo despertar aún”, dijo apenas llegó. Pero mucho tiempo de dormir no tuvo. A los pocos días entró con Temperley en el segundo tiempo y 72 horas después salía como el 9 titular de River para jugar el primer partido de la semifinal de la Copa Libertadores frente a Guaraní.  Gallardo lo puso y no se equivocó: dos asistencias y gran partido del Pipa, que ya empezaba a mostrar su categoría incluso sin mandar la pelota a inflar la red.

Pero días después llegará la primera gran historia. River estaba perdiendo uno a cero en el parcial y se imponía 2-1 en el global. Guaraní lo peloteaba. Carlos Sánchez salvó una pelota en la línea para el empate. River no tenía posesión del balón en general. Pero una vez la tuvo. La tuvo más precisamente Tabaré Viudez que metió un chanfle único e inigualable para que el Pipa Alario pique entre los centrales. “Sabía que ´Taba´ (por Viudez) era un gran asistidor así que corrí”. Mano a mano con el arquero, Alario la tiró por arriba. La pelota picó aproximadamente ciento diez mil veces antes de entrar y en el último rebote tocó la parte interior de arriba de la red, saludando al travesaño. Alario salió corriendo para el córner. Un relator, como 17 millones de hinchas, se quedó sin voz: “Alaaaa, Alaaaa, a la final carajo”.

¿Era necesario ahora cuando vos mismo dijiste que soñabas con volver al Mundial de Clubes y que si Gallardo te miraba a los ojos y te pedía que te quedabas era difícil irte? De verdad, Lucas, ¿era necesario ahora?

Dieciséis mil hinchas había de fondo, pero River jugaba lejos de Udaondo y Figueroa Alcorta. El partido, como tantas otras veces, se le complicaba. Pero vino un centro altísimo. Un mal rebote y una pésima salida del arquero japonés pusieron el destino, otra vez, en la cabeza de Alario. Y el 9 no falló. Y dieciséis mil personas gritaron de noche y varios millones, del otro lado del mundo, de día. River iba a jugar la final del mundo, luego de vencer 1 a 0 al Sanfrecce Hiroshima, con gol del Pipa. El 9 fue a hablar con la prensa después del partido:

-Si juegan con Barcelona, ¿con qué camiseta te gustaría quedarte?

-Con la Copa me quiero quedar.

Jorge Luis Borges tiene un texto brillante llamado “Tema del traidor y el héroe”. Consiste básicamente en un agente que investiga la no muy clara muerte de un líder de la rebelión irlandesa. Descubre en su estudio que, lejos de ser un héroe revolucionario, era un traidor. Uno de los suyos lo había descubierto, pero sabía que la verdad tiraría por la borda la rebelión de los irlandeses. Por lo tanto, decide poner en marcha un plan para matarlo de forma heroica, con el fin de avivar la rebelión y, así, matar dos pájaros de un tiro. Así, el investigador (o Borges) dice que muere a la vez un traidor y un héroe.

Eran las 17:29 y en una casa humilde de la localidad de Tostado, Santa fe, había un ruido bárbaro. Ritos y llanto a la vez. “Fue una fiesta total”, afirmó Mónica, mamá de Lucas Alario y agregó: “nos juntamos todos en mi casa”. La familia Alario y el propio Lucas fueron un tema de conversación y debate en diversos foros de opinión. El club del cuál el jugador era hincha siempre fue un tema controversial. “Es de River y de Colón”, se limitó a responder su padre. Pero ambos de sus progenitores destacaban que con él sucedía algo más. “Acá, en Tostado-dice Mónica-, todos gritan sus goles, hasta los de Boca”. El 14 de mayo del 2017 a las 17:29 hacía 16.2 grados de temperatura. Lucas Alario recibía la pelota en la puerta del área y ponía el 2 a 0 de un partido que River terminaría ganando 3 a 1 en La Boca. En una casa de Tostado todo era una fiesta. En la Bombonera solamente había silencio.

Siempre la palabra “tema” en ese título me pareció genial,  porque indica que ser traidor o héroe es algo a veces discutible, incluso dependiente de desde qué ángulo uno se pare para observar la cuestión. ¿Podrá ser Lucas Alario un traidor efímero, emanado de un héroe imperfecto?

“A veces no la tocan, pero cuando la tocan…. te la mandan a guardar”. La frase pertenece a un reconocido relator del fútbol argentino. Si bien es una frase hecha, sirve para pensar a Alario como jugador.

Su importancia no radica tanto en la cantidad de goles que hizo (aunque tenga un promedio alto, de medio gol por partido) sino en la importancia de cada uno de esos tantos marcados. Alario ganó oficialmente 4 títulos. Técnicamente deben ser 3, puesto que la Suruga Bank en Japón en Agosto del 2015 no viajó a jugarla y no participó de la Copa Sudamericana que le permitió a River jugar dicha competición. Esos tres títulos (Copa Libertadores 2015, Recopa Sudamericana 2016 y Copa Argentina 2016) debieron ser ganados tras jugar una final. En esas tres finales Alario convirtió goles, en un caso muy peculiar en el fútbol argentino (uno a Tigres, uno a Independiente Santa Fe y 3 a Rosario Central).

Porque es así, los héroes no son brillantes. Es incluso una tendencia conservadora y hasta reaccionaria pensar lo contrario. La imperfección humaniza a los ídolos. Y eso puede ser mortal para el sistema porque cualquiera puede afirmarse a sí mismo: “yo puedo ser como él”. Si no se ocultara que San Martín miraba la mayoría de las batallas de su ejército desde lejos para no ser lastimado o que Belgrano era un tipo infiel  aquellos canonizados pasarían a ser personas comunes.

“La oferta me interesa”, dijo, y el llamado “Mundo River” retumbó. La ecuación era sencilla: 16 millones de dólares de una oferta del Bayer Leverkusen para ir a jugar a la Bundesliga (fútbol alemán). River rápidamente lo declaró intransferible y dijo a viva voz que si no se pagaba la cláusula de rescisión (24 millones de dólares, pero netos, es decir, contando los impuestos). El club alemán no estaba muy lejos y se le ocurrió una idea genial: hablar con Colón, dueño del 40 % del pase del jugador y expuesto a perder en el próximo año dicho patrimonio por una suma cercana a 1 millón de dólares, para hacer un negocio y que le devuelva una parte de la cláusula (Colón, si bien se lleva menos de lo que le corresponde, se embolsa más de lo que haría en un año). Una suerte de “trampa legal”. Lo demás es historia conocida. Alario yendo a escondidas a una revisación médica no autorizada y posando con la camiseta del Bayer Leverkusen en un balcón de Puerto Madero.

¿Y entonces por qué Alario tiene que ser perfecto? No tiene que serlo. Duele pero es así. En definitiva, desde los años 2000 que yo quería ganar la Copa, y no podía. Diecinueve años tardé en tener la noche de gloria futbolera. Si él cumplió mi sueño, ¿Por qué no dejar que él vaya y cumpla el suyo?

Todavía era agosto del 2015 y un hincha de River todavía no caía en la realidad. Su sueño esperado por 20 años o más incluso (luego de infinidad de sufrimientos futbolísticos) se había logrado: era Campeón de América. A los pocos días se encontró con Juan, un amigo de la infancia, hincha de Boca. Charlaban entre risas acerca de que Juan había ganado más Copas Libertadores que él y esos chistes de tribuna. Pero cuando la conversación se puso seria, el pibe lo miró a su amigo Juan y le dijo lo siguiente: “¿Vos te diste cuenta, Juancito, que este pibe Alario tiene nuestra edad y solamente 4 partidos y ya entró en la historia de River para toda la vida?”.

Y por eso, porque hay dolor pero hay más “gracias”, porque hay llanto pero hay más sonrisas. Porque siempre  me acuerdo de ese instante. Vos anticipás en la puerta del área chica luego del centro de Vangioni. Te tirás de palomita eterna en un cabezazo histórico. La pelota se mete entre el “patón” Guzmán y el palo derecho del arco que da a Figueroa Alcorta. Y en ese momento la red se infla y eso es sinónimo de que nuestra vida cambia para siempre. Me acuerdo de ese momento, pipa. Creo que es la mejor manera, e incluso la única, de despedirte.

 

Por Santiago Nuñez.

One thought on “El héroe imperfecto”

Dejá tu comentario