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A 34 años de la partida de Angelito

Un día como hoy, hace 34 años, fallecía con apenas 64 años don Ángel Amadeo Labruna, a pocos días de una operación de vesícula. El legado imborrable del Feo. El recuerdo eterno al máximo ídolo de la historia de River.

Año tras año, el mito se acrecienta. Pero a decir verdad, la estampa de Angelito es demasiado grande para hablar de mitologías. Es que Labruna es mucho más que un puente, que un vestuario, que una bandera o un inflable. Don Ángel es una parte importante de la historia de River por lo que hizo en la cancha, fundamentalmente. Pero también porque fue (y es) el máximo exponente del GEN RIVERPLATENSE. 

Labruna respiraba River. Desde pequeño, cuando se escapaba de la relojería de su padre para jugar al básquet. Llegó a ser cadete de la institución. Por suerte, gracias al de arriba, terminó inclinándose por la número cinco de cuero y se transformó en el máximo goleador de River y del fútbol argentino.

Para sentir la camiseta de River hay que tener un profundo odio por la camiseta de Boca, solía decir El Feo. Eran otros tiempos, es cierto. Era un odio deportivo. Era querer ganarles hasta en las bolitas. Siempre. Por eso esa imagen con la nariz tapada, que hoy suele ser condenada por la violencia que se apoderó del fútbol, por entonces no era más que una travesura folclórica del tipo que adentro de la cancha nos representaba a todos. “¿Como nos divertiríamos si no existiera Boca?”, solía preguntar. 

Cuentan los dirigentes que tuvieron la fortuna de tratar con Don Ángel que a la hora de firmar un contrato o una renovación, no tardaba más de dos o tres minutos. No miraba ni las cifras. Su lugar en el mundo era River. No necesitaba más. Por eso, sólo se fue de la institución cuando lo destrataron y obligaron a salir. tres años antes de su muerte.

El 19 de septiembre de 1983 su corazón dijo basta. Lo habían operado de la vesícula unos días atrás. Estaba internado en la Clínica Belgrano y justo lo había ido a visitar Ubaldo Matildo Filllol, otro de los ídolos del club maltratado por los mismos dirigentes que echaron a don Ángel. Se levantó de la cama para ir al baño y cayó desplomado en los brazos del Pato. Tenía apenas 64 años y mucha sabiduría para seguir transmitiendo.

El legado de Angelito hoy parece inalcanzable. Debutó con la camiseta de sus amores en 1939. Fue parte fundamental de LA MÁQUINA junto a Muñoz, Moreno, Pedernera y Loustau. Como jugador, consiguió 9 títulos con La Banda (1941, 1942, 1945, 1947, 1952, 1953 y el tricampeonato de 1955, 1956 y 1957) y 2 con la Selección Argentina (Sudamericanos de 1946 y 1955). En 1975, volvió a River como DT para salir campeón y ponerle fin al sufrimiento de 17 años y monedas sin títulos. No sólo consiguió el Metropolitano de 1975, sino que además conquistó el bicampeonato con el Torneo Nacional del mismo año. Dos años después, fuera del Monumental por las remodelaciones para el Mundial ’78, logró el Metropolitano de 1977 en cancha de Huracán. Por si faltaba más, coronó su historia como DT con el tricampeonato de 1979-80.

Es el ídolo máximo de River, por si quedan dudas. Nuestro recuerdo y respeto eterno. Prohibido olvidar. 

Periodista y productor de La Máquina en radio (Stentor AM 1590). Director de La Máquina en web. Hincha y socio de River desde el día 1 de mi vida. Se juega como se vive. Se vive como Labruna.

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